lunes, 1 de febrero de 2010

Descubrir el sonido

El contacto con el sonido, durante una interpretación, puede presentar diferentes caras. Podemos pensar en el sonido como en un proceso completado que va desde la mente hasta la materialización física de la imagen sonora. El sonido conseguido, acabado en sí mismo, está listo para ser enviado al oyente, para ser “digerido” por el propio intérprete causándole satisfacción o decepción, afirmación o rechazo.

Otras veces el sonido, arrancado al silencio, se revela como un principio, como camino que nos une, a través de nosotros mismos, con una dimensión ulterior. Así, el mensaje se crea espontáneo como una gota de agua que desciende por una pendiente accidentada y adopta formas inesperadas, se retuerce y estira, descubriendo variantes sorprendentes. Es necesario, en esta segunda situación, buscar el sentido en el silencio y experimentar la sensación de su presencia como génesis.

En el siguiente ejemplo, los tañedores de Dan Tranh (cítara vietnamita) y Dan Tiba (laúd vietnamita de 4 cuerdas) descorren el silencio lentamente como si se tratara de una finísima cortina, dejando paso a sonidos que conectan “lo que precede” con “lo que acontecerá”, siguiendo el camino del conocimiento y el sentimiento humano en “lo que acontece”.

Emoción contenida, sentido del color, homogeneidad tímbrica entre los instrumentos para crear un único discurso... aparecen ya desde los primeros sonidos dando paso a una improvisación que utiliza elementos de la naturaleza como el agua, el viento, la luz...




Un tratamiento similar del sonido podríamos encontrarlo en el Adagio de la sonata nº1 BWV 1001 en sol menor de J.S. Bach. Oigamos un ejemplo en la inspirada interpretación de Thomas Zehetmair




Es necesario tener consciencia de la relación que se crea entre el sonido previamente imaginado, escuchado interiormente, y el sonido que producimos al tocar, o sea, el percibido físicamente. Pero también es necesario ejercitarse en el arte de la sorpresa, de la viva interacción con el sonido que nos guía, nos confunde o nos seduce... Descubrir el sonido es descubrir el finísimo velo que nos separa de otra realidad, de un sendero que conduce a nosotros mismos.

1 comentario:

  1. Esta es la opinión de un lego en la materia, me atrevo a expresar mi opinión, casi con toda seguridad discutible y equivocada.
    Para mi el sonido tiene dos espacios diferenciados, uno es el sonido percibido de forma inconsciente, el sonido que forma parte del universo, como puede ser el canto de un pájaro, el rumor de la corriente de un río o el zumbido de un insecto, se producen sin la existencia de un plan prediseñado o sin la voluntad de crear sonidos para enriquecer el gusto, si no por otras necesidades más vitales más básicas.
    El otro espacio es aquel que ocupa la música, para mi entender es el sonido construido, existe la intención en su formación, hay consciencia de crear un espacio diferenciado del resto de sonidos que nos envuelven, de tal manera que el primero puede ser agradable o no, pero no existe intención de recrear el gusto, si no que accidentalmente agrada.
    El segundo, en cambio, nace como un plan para ser degustado por el paladar, para que nuestras neuronas trabajen en la formacion de imágenes sonoras y visuales, por que la música en ocasiones nos transmite formas sólidas, objetos físicos o espacios vividos, también es cierto, puede partir de una forma intuitiva sin plan preestablecido, o con un plan diseñado y estructurado, ambas construcciones nacen desde la consciencia de crear espacios comunes propios de nosotros los humanos, y siempre con intencionalidad de agradar o su contrario rechazar.
    Pero acabo como empecé, esta es la opinión del lego, que con toda seguridad esta equivocada.

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